Crítica: ‘Jurassic World: Campamento Cretácico’, pros y contras de la temporada 2

La serie jurásica de Netflix sigue siendo muy entretenida, aunque tenemos miedo de que empiece a repetirse

La primera temporada de Jurassic World: Campamento Cretácico fue toda una sorpresa. No esperábamos (al menos yo) que un producto que parecía menor dentro de la franquicia jurásica fuese a entretenernos tanto y que, incluso, le llegaríamos a coger cariño a (algunos de) sus protagonistas tan ortopédicamente animados. Y no demasiados meses después nos ha llegado una segunda temporada que, por un lado, ha sido igual de adictiva que la anterior, pero, por otro, se acerca con peligro a la línea de la reiteración.

Sinceramente, no sé si soy demasiado quisquilloso ante un producto al que, quizás, no se le debería pedir tanto. Porque Netflix nos lanza todo ahí, a mogollón, sin discriminar si esto es para ti o para otro tipo de público. Quiero decir, que si Jurassic World: Campamento Cretácico viniese con el sello de un canal para preadolescentes, que probablemente ese sea su verdadero target y no yo, me cortaría un poco más a la hora de ponerle pegas. ¿Que cómo una adolescente como Brooklyn es capaz de conducir una moto como si fuese una profesional de carreras? ¿que por qué a veces hay peligros terribles y otras campan por la isla sin temor a nada? Quizás no hay que hacerse demasiadas preguntas.

Al final, Jurassic World: Campamento Cretácico cumple su función como producto complementario a la saga de películas -y más ahora que la tercera se está haciendo tanto de rogar-, es entretenida y, como ya hizo antes, nos engancha con esos cliffhangers que piden el siguiente episodio ya. Y, sobre todo, cumple con lo que más nos gusta: ver dinosaurios. No es baladí, hemos venido a eso y se agradece que vayan metiendo variedad; especial mención merecen esta vez los siempre simpáticos, aunque voraces, Compsognathus longipes (los compis, para los amigos), así como el abrevadero.

En el lado de los contras de esta segunda temporada podríamos situar a unos villanos poco carismáticos (no creo que nadie vaya a guardar en su recuerdo a estos furtivos) y que la fórmula de las secuencias de tensión, como decíamos antes, corre el riesgo de empezar a repetirse: ¿cuántas veces van a correr los chavales delante de un dinosaurio que agita sus fauces sin que les llegue a pillar? ¿tan rápido corren unos niños, una de ellas con esguince en el tobillo?

Tampoco me convenció demasiado el arco de evolución de Ben, cuya reaparición esperaba con ganas, ni el posterior crecimiento inusitado de Bulti (o Bumpy, en la versión en inglés). Sí, era interesante ver cómo el miedoso cerebrito llegaba a sobrevivir por su cuenta en Isla Nublar, pero lo de convertirlo en Rambo igual ya es pasarse. O lo de enfrentarse a Toro -que por otro lado me gustó verlo de nuevo- con una lanza casera que él mismo había afilado.

Compensa que esta temporada esté más repartido el peso de los niños en la trama y que todos tengan su momento de lucimiento, además de que sus personalidades estén más matizadas. Pero, sobre todo, nos conquista el combo de acción y misterio, unido a la promesa final -como ya pasó en el anterior bloque de episodios- de que algo mayor está por venir: ¿Qué es ese experimento E750 del Doctor Wu? ¿qué se está descongelando? ¿veremos otro Indominus Rex u otro dinosaurio genéticamente modificado que conecte la trama con las películas?

Y, bueno, a eso le sumamos que una serie con diplodocus siempre ganará puntos frente a una serie sin diplodocus.

La temporada 2 de ‘Jurassic World: Campamento Cretácico’ está disponible en Netflix.

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