¿Merece la pena ver ‘El baile de las luciérnagas’, la nueva serie de Netflix?

La ficción de Katherine Heigl y Sarah Chalke lleva varios días en el top de la plataforma de ‘streaming’.

Después de Los Bridgerton y Lupin, es posible que Netflix ya nos haya regalado un nuevo ‘guilty pleasure’. El pasado 3 de febrero se estrenó en la plataforma de ‘streaming’ El baile de las luciérnagas, una serie sobre la amistad entre dos amigas a lo largo de diferentes décadas. La ficción protagonizada por Katherine Heigl y Sarah Chalke se encuentra en el Top 10 de la plataforma desde hace unos días y se encamina a convertirse en el nuevo éxito del servicio. ¿Merece la pena invertir tu tiempo en sus 10 episodios? Pues depende del tipo de espectador que seas, ya no que no es para todo el mundo.

El baile de las luciérnagas no intenta ser la mejor serie del año ni tiene grandes aspiraciones. Es una ficción sencilla sobre la amistad entre Kate y Tully, dos chicas que se conocieron siendo unas niñas y que, a pesar del paso de los años, han seguido siendo muy cercanas. Así repasamos diferentes etapas de su vida: cuando iban juntas al colegio, sus primeros trabajos, su vida como adultas en 2003 y unos años después, cuando las cosas cambian drásticamente tras una traición.

Aquí encontrarás una serie llena de enredos y problemas personales que son contados con cuentagotas, saltando de una década a otra para explorar en la vida de las protagonistas y conectando unos sucesos con otros poco a poco. Esto la pone a medio camino entre una telenovela y el drama de Dan Fogelman This is Us -salvando las distancias con este último, que es el Top 1 de dramas familiares de la televisión. Tiene una trama previsible y un guion algo pobre, pero termina enganchando gracias, principalmente, a la labor de Sarah Chalke, que da vida al personaje más terrenal y cercano del elenco.

El baile de las luciérnagas intenta conectar con la sociedad actual repasando de manera superficial -y a veces un poco forzada- los grandes problemas a los que se enfrentaba la mujer hace unas décadas y que hoy en día siguen estando de actualidad: el no consentimiento sexual, el techo de cristal, la incorporación al trabajo tras la maternidad y, por supuesto, la sororidad, que aquí está a la orden del día. Queda claro que han intentado poner su foco en la figura de la mujer y ensalzarla y, a pesar de ser un producto irregular, consigue su propósito.

El protagonismo recae en una serie de personajes femeninos, cada uno con sus peculiaridades, miedos y fantasmas del pasado, que terminan formando un conjunto bastante interesante. Como digo, no van a marcar la historia de la televisión, no son particularmente originales, no inventan nada, pero funcionan a la perfección para lo que quieren hacer: una serie sencilla y entrañable sobre los altibajos de una amistad.

Por lo tanto, ¿merece la pena verla? Si te suelen gustar ese tipo de historias, que prestan atención a los sentimientos y tienen un tinte melodramático sin llegar a ser un culebrón, no lo dudes, te vas a tragar los 10 episodios de la serie de Maggie Friedman del tirón. Si lo tuyo son otro tipo de historias, no pierdas el tiempo, tienes muchas otras series en Netflix.

Sensacine

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