Crítica: La comedia ‘Resident Alien’ invita a seguir, que no es poco

Chris Sheridan, guionista de ‘Padre de familia’, convierte un cómic de Dark Horse en un original de SYFY con auténtico potencial

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de ‘Resident Alien’ y no contiene spoilers.

Es mejor acercarse a Resident Alien, la nueva serie de Syfy, sin saber demasiado de ella. Así, su inesperada eficacia en la comedia golpea mucho más fuerte y las ramificaciones de su intriga principal mantienen el interés. Con permiso del prometedor elenco de secundarios, el principal gancho de la serie es su característico protagonista, un siempre físico Alan Tudyk (Doom Patrol) con carisma de sobra para tirar él solo de toda la serie, que se estrena esta noche en el canal de ciencia ficción y podrá verse después bajo demanda en los operadores que lo incluyen.

Chris Sheridan, guionista de Padre de familia, ha firmado para Amblin Television y la división de entretenimiento de la editorial de tebeos Dark Horse la adaptación de un cómic de la casa, de Peter Hogan y Steve Parkhouse. La premisa no ha variado mucho: Alan Tudyk interpreta al mismo alienígena del libro, que desempeña una breve misión en la atmósfera terrestre cuando un rayo hace que su nave se estrelle en un pueblo remoto de Colorado. Allí, el alien adopta la identidad de un viejo doctor que vive en las montañas con la intención de reducir al máximo su relación con los humanos, pero la muerte del único médico de la localidad lo obliga a aprender a convivir con sus vecinos.

Pese al obvio componente fantástico, la médula de la serie no es más que la inversión de la fórmula Doctor en Alaska, trocando al urbanita por quien, a todos los efectos, es un miembro excepcionalmente huraño de una comunidad muy rural y cercana. Asumir sin ambages esa condición puede ser la gran virtud de Resident Alien, que no se distrae con pleonasmos a la hora de descargar su mucha comedia de adaptación, con base en algo tan elemental como el choque cultural que aparece entre terrícolas y alienígenas como podría surgir entre murcianos y vascosI’m a legal alien, I’m an Englishman in New York, cantaba Sting–.

Ese humor descarado y con encanto sobrevuela las otras dos vías expresivas que el episodio piloto despliega: por un lado, el misterio agorafóbico que rodea al asesinato del antiguo doctor del pueblo; por otro, el hecho de que el personaje cerúleo de Tudyk trajo consigo a nuestro planeta unas siniestras intenciones que, es de suponer, se verán comprometidas por el amor que la criatura acabará desarrollando por la libertad cuajada en el paisaje montañoso de Colorado y en quienes lo habitan.

Un liviano formato de 45 minutos termina de embalar un entretenimiento con auténtico potencial, adulador y dionisiaco pero con muy buen fondo. No costaría poner contra las cuerdas una producción tan humilde en lo narrativo, sobre todo si su sencillo planteamiento no se atreve a escalar en voltaje a medida que pasen de largo las semanas; pero eso sería hacerle entradas ilegales a una serie que apenas ha acabado de insinuarse. Ahora mismo, la única pregunta sensata que lanzarle a Resident Alien es si, visto el primer episodio, apetece seguir. Y la respuesta es sí.

Compartir