Crítica: ‘Allen v. Farrow’, denigrar a Woody Allen, deshonrar una profesión

Crítica: ‘Allen v. Farrow’, denigrar a Woody Allen, deshonrar una profesión, desprestigiar un género

HBO España estrena hoy el primer episodio del documental que narra las disputas legales y personales entre el director y la actriz

Esta crítica se ha escrito después de ver los cuatro capítulos de ‘Allen V. Farrow’ y no contiene spoilers.

La primera vez que descubres que te han engañado no puedes evitar preguntarte cuántas veces habrá pasado antes o en cuántas trampas has caído sin descubrir que lo eran. Y desde ese momento te vuelves más desconfiado, quizá una temporada, quizá la inseguridad se quede para siempre. Puede que sea un desengaño amoroso, puede que se trate de los pequeños trucos paternales con seres imaginarios de por medio que hacen la infancia más inocente y llevadera. Pero los engaños están ahí y dejan huella.

Después de las cuatro horas que dura Allen v. Farrow, mi yo periodístico y mi yo aficionado a HBO desde hace dos décadas no pueden evitar preguntarse si el daño durará tanto como el de los Reyes Magos o si la desconfianza ante cualquier producción documental, sea o no de la conocida cadena, se extenderá para siempre. Porque el despropósito es tal que cuesta explicarse por qué unos reputados documentalistas se han metido en este berenjenal, por qué a HBO le ha parecido bien desprestigiarse con este dislate y por qué es posible que se desvirtúe un género con una miniserie documental que tiene la intención de que se escuche a la víctima principal, Dylan, y solo sirva para lavar la imagen de Mia Farrow.

(Fuente: HBO)

Con los reconocidos Kirby Dick y Amy Ziering (The Invisible War, The Hunting Ground) a cargo de la dirección, Allen v. Farrow narra el caso que durante años ha servido para llenar horas de televisión y hojas de periódicos, primero con el supuesto abuso que Woody Allen cometió a una de sus hijas, Dylan, y después con la demanda contra Mia Farrow por la custodia de sus tres hijos en común. Y para llevar a cabo su objetivo cuenta entre sus testimonios con la propia Mia, Dylan y Ronan Farrow, otros dos de sus muchos hijos, algunas amigas de la actriz, periodistas y personas relacionadas con el caso.

Todos los aludidos ven a Allen como alguien sospechoso y algunos incluso observan un patrón en la filmografía del cineasta relacionado con su obscena mentalidad. O lo que es lo mismo, la parcialidad y la exposición completa de los hechos a la hora de presentar una historia que se espera de cualquier obra documental salta por los aires para proponer al espectador cuatro horas en las que le quede bien claro quién es el bueno y quién es el malo de esta historia. Algo que, por cierto, ya se puede adivinar con solo ver el tráiler.

Si damos por bueno que la negativa de Allen y su actual esposa, Soon Yi, para participar en el documental no dejaba muchas posibilidades a los creadores y, por alguna razón tampoco se han molestado en recurrir a sus abogados o allegados, podemos poner la vista en la ejecución de la propuesta. Utilizan el audio de las memorias del director para servirse de ellas como mejor les conviene, echan por tierra las investigaciones que descartaron la culpabilidad de Allen porque él era un hombre poderoso y le daba mucho dinero a Nueva York con sus películas y apoyan sus planteamientos con periodistas que lo mismo hablan de las obras del director que analizan su comportamiento, como si fuesen especialistas en la materia. Todo aquel que tiene una opinión acorde con la parte interesada la expresa.

Son cuatro horas en las que Mia Farrow se convierte en poco menos que un ser de luz que vivió una infancia muy dura por culpa de la polio, pero encontró en los niños su razón de ser. Las relaciones de la actriz no se analizan como las de Allen, solo hablan aquellos que tienen una opinión positiva de su madre (a pesar de que se conocen testimonios contrarios) y ella es la única integrante del matrimonio que sufrió las consecuencias del escándalo que provocó el caso porque desde entonces no ha vuelto a trabajar en Estados Unidos. Y la culpa es de Allen, que le dijo que nadie volvería a trabajar con ella de nuevo.

(Fuente: HBO)

Pero el director no es el único enemigo a combatir, también lo son los fans que son incapaces de asumir la completa realidad de un personaje al que admiran. O al menos eso es lo que dice un experto. Javier Bardem, Penélope Cruz y Cate Blanchett, entre otros, también son malos porque en su día salieron a defender a Allen. Y poco después lo comparan con Michael Jackson o Bill Cosby y, para justificar el prestigio del creador, alguien apunta que “si eres poderoso la gente tiende a creerte”.

En Allen v. Farrow todo es burdo y torticero: las imágenes familiares que la actriz grabó durante años, los extractos de las conversaciones telefónicas entre ambos o las entrevistas de las que se sirven para juzgar la personalidad de Allen. E, incluso, la entrega de su reconocimiento en los Globos de Oro de 2014 que presentó y recogió Diane Keaton, una brevísima secuencia en la que, entre los muchísimos asistentes a la ceremonia, aparece únicamente una cara conocida, la de Kevin Spacey.

(Fuente: HBO)

Para los que todavía tengan ganas de asomarse a este ejercicio de triple desprestigio -el del director, el de la cadena y el del género-, añadir que lo que cuenta en cuatro horas perfectamente lo podía haber narrado en dos. Pero ya se sabe que cuando de lo que se trata es de convencer más que de narrar unos hechos es necesario insistir repetidamente, no vaya a ser que al espectador no le quede claro de qué lado tiene que estar.

El primer capítulo de ‘Allen V. Farrow’ está disponible en HBO España.

Compartir