Fito Páez: “Convertirse en estatua no está en el ADN del rock”

Aunque disfruta del flamante galardón, el cantautor ya piensa en el sucesor de La conquista del espacio y en una gira europea que se postergó por la pandemia.

Al mejor estilo de Idiot Prayer, el recital por streaming que ofreció Nick Cave en julio pasado, donde se presentó solo con su piano y voz en el Alexandra Palace de Londres, Fito Páez concluyó en la noche del jueves, en el Teatro Coliseo, la última de las cuatro funciones de su espectáculo Un hombre con un piano. Sin embargo, a diferencia del astro australiano, el cantautor rosarino (respetando el protocolo para los shows en vivo) se reencontró con el público. Así, no sólo consumó su vuelta a los escenarios, a un año de la declaración de la pandemia, sino también una semana inolvidable, que incluyó la celebración de su cumpleaños 58 y, al día siguiente, la obtención de su primer Grammy, en la categoría “Mejor álbum de rock latino o alternativo”, de la mano de La conquista del espacio. Todo un hito tanto para su trayectoria como para el rock argentino, pues se convirtió en el segundo artista local en hacerse con un rubro dominado principalmente por la industria mexicana. O al menos así era cuando Los Fabulosos Cadillacs, en 1998, se lo trajeron a Buenos Aires por primera vez gracias a Fabulosos calavera.

“Tengo un vínculo con la cultura musical de Estados Unidos. Me crié en parte con esa cultura. Fue parte de mi vida de una manera muy importante. Por eso es muy emocionante recibir este premio importantísimo. Sobre todo a la distancia”, manifestó Páez en un video que se difundió poco después de que se conociera la noticia. “Gustavo Cerati tenía una frase hermosa que decía que sentía que el universo estaba conspirando a su favor. Este puede que sea un momento así, de plenitud absoluta en lo que mí respecta, y me siento infinitamente agradecido con mis amigos, mi familia y mis colegas que tanto me aguantan, y a toda la gente que está todo el día conmigo y atendiéndome los trapos. Me siento muy inmenso y lleno de amor”, dijo, sin dejar de reconocer que se encontraba “nervioso” cuando estaban por anunciar al ganador de ese gramófono en la 63° edición del galardón. “Es importante, es como un casamiento. Son ceremonias. Estoy muy feliz de haberlo ganado”.

A diferencia de lo que se vio horas más tarde en el Staples Center de la ciudad de Los Angeles, donde se entregaron estatuillas centrales, el autor de “11 y 6” fue parte de la ceremonia que no fue televisada. Sucedió por streaming, a las 16 de la Argentina. Justo ese día había cambiado el horario de la Costa Oeste de los Estados Unidos, pero el artista y su equipo se enteraron de ese dato casi sobre la marcha. Media hora antes tenía que sentarse frente a la pantalla de su computadora, por lo que todo el plan se adelantó. Después de hacer las respectivas pruebas de conectividad y de tener a manera de ínterin un show previo diseñado para ese tramo de la entrega, el conductor encargado de moderar esta parte del galardón que concede anualmente la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación anunció a los nominados.

Aparte del disco Miss Colombia, de la cantante colombiana Lido Pimienta, el último álbum de estudio de Páez compitió en la categoría “Mejor álbum de rock latino o alternativo” con Sobrevolando, del grupo puertorriqueño Cultura Profética, Monstruo, de la cantante chilena Cami, y Aura, de Bajofondo (banda que comanda otro artista argentino nominado este año en el Grammy: Gustavo Santaolalla). Una vez que se decretó a Fito Páez como ganador, se pudo ver al artista desde su hogar, rodeado por su familia, expresando en inglés la sorpresa de haber recibido la estatuilla. Luego agradeció a la Academia, al igual que a su familia y a su equipo de trabajo. Estaba tan nervioso y al mismo tiempo desbordado de alegría que en el medio de su discurso de echó a reír. “No sé qué más decir”, continuó. Los amo a todos”. Y cerró diciendo: “Le ganaremos la batalla a la covid-19”. Un minuto y treinta segundos de pura adrenalina y amor, así como de un punto de inflexión en la música popular contemporánea argentina.

Para muchos la favorita para ganar ese premio era la barranquillera Lido Pimienta (establecida desde hace varios años en Canadá), por el éxito que experimenta actualmente en Estados Unidos su electropop tropical, Fito Páez le aseguró a Página/12 que “no cree mucho en las teorías”. “En estas lides, los pronósticos no funcionan. Que el señor Obama la haya puesto en su playlist no sé si me cuenta algo. A mí, particularmente, no. Por otro lado, estábamos en la casa, expectantes, nerviosos, por supuesto. Veníamos de los conciertos del Teatro Coliseo, con muchas emociones. Volví a tocar, un año luego de la pandemia. Estaban mi hijos y Eugenia, mi novia. Fue muy lindo. La música sirve también para esto. Son momentos hermosos de la vida y los disfrutamos entre todos. Es así. O por lo menos así lo vivió mi familia. Fue una sorpresa y la disfrutamos muchísimo porque es un premio importantísimo”.

-¿Por qué se te ocurrió citar a Gustavo Cerati, tras recibir el premio?

-A Gustavo lo cité porque él vive conmigo también. Está permanentemente. Es un colega referente y su música está al lado mío todo el tiempo, es parte de la familia. Esa frase y otras cosas más -y con esto me refiero a no sólo a sus palabras sino a su música- fueron parte de mi artillería. Pero esa frase suya es muy difícil de usar y hasta por momentos puede ser polémica. Poéticamente polémica. En este caso, funcionó. Él era profético en muchos aspectos, por eso usé la frase en el medio de la celebración.

A pesar de gozar con una de las carreras más prolíficas y populares de la música popular contemporánea latinoamericana, Fito Páez recibió su primera nominación al Grammy recién en 2000. En realidad, fue para la primera edición del Grammy Latino, por su disco Al lado del camino, donde de las cuatro postulaciones, se llevó dos: “Mejor interpretación pop masculina” y “Mejor canción rock”. Si bien sus discos AbreRey solNaturaleza sangre y Mi vida con ellas fueron reconocidos con nominaciones por la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación, el icono rosarino en 2007 volvió a alzar el trofeo amparado por El mundo cabe en una canción, en “Mejor álbum vocal pop masculino”, y al año siguiente por cortesía de Rodolfo, “Mejor álbum cantautor”. En simultáneo, el ente organizador lo homenajeó al entregarle el “Premio Grammy Latino de la Presidencia de la Academia por su trayectoria y aporte a la música”. En 2009, No sé si es Baires o Madrid obtuvo “Mejor álbum pop vocal masculino”, y en 2018 regresó a los trofeos con la “Canción del año rock”: “Tu vida, mi vida”.

Como previa a su primer Grammy, La conquista del espacio recibió el año pasado los gramófonos en su versión latina a la “Mejor canción pop rock” y al “Mejor álbum pop rock”. “Estas cosas surgen en el devenir de la vida”, responde el músico ante la pregunta de qué significa para un artista ganar un Grammy. “Voy a Estados Unidos desde el año ’87, grabando discos, tocando, conociendo su música… aunque ya conocía a través de mi padre buena parte de ella. Crecí con la cultura musical de allá. Conocés gente, hay quienes se interesan en tu propuesta musical. En un momento, tocamos en el Carnegie Hall y estaba Nick Cucci, que es un gerente de la Academia gringa. De golpe pasa eso. Hermoso, ¿viste? Grabé con Frank Filipetti y dos discos con Phil Ramone, en ’99 y 2000. Fue uno de los grandes productores en la historia de la música. Todo ese runrún se va armando solo. ‘Che, estuve con un argentino. Hice esto’, dice alguien, y eso le llega a Quincy Jones. O a éste o al otro. Se empieza a correr la bola. Es así. Es como pasa en todas las áreas de la vida”.

-¿Qué significa el Grammy para vos?

-Como me ha pasado en otras oportunidades, en otros países, lo que siento es que este premio es que la Casa Musical de los Estados Unidos de América me dice: “Bienvenido, pase. Lo invitamos a tomar una copa. Vamos a iniciar una amistad”. A lo que les respondo: “Pero yo ya los conozco a ustedes muchísimo. Mi padre me hacía escuchar a Sinatra”. Y acá vienen las discusiones en las que le decía a Phil Ramone que nosotros conocíamos a Sinatra y él no conocía a Roberto Goyeneche. O sea que se van a empezar a generar un montón de formas de vincularnos muy lindas. Y, por otro lado, no hace falta volver a decir la importancia en el siglo XX del caudal de música norteamericana en todos sus géneros. Desde el jazz hasta el blues, pasando por el rock, el country, el funk, la Motown, Joni Mitchel, Prince, Steely Dan y a Charles Ives, en la música contemporánea. O los genios que van apareciendo. Lo que se te ocurra. No tiene límites. Así te dan la bienvenida. Lindo.

-Cuando se piensa que ya lo hiciste todo, siempre terminás desconcertando con algún volantazo, aunque podrías dedicarte a disfrutar de tu condición de ídolo popular. ¿Qué te motiva a ir por más?

-¿Quién disfruta de la condición de ídolo popular? Eso es como recibirte de estatua. Y eso es lo que, en general, no me gusta de los viejos. Medios solemnes, que se empiezan a tomar el personaje en serio. He visto a muchos que se convirtieron en estatuas, sobre todo escritores. Empiezan a creerse algo y eso no va nunca. El rock and roll no tiene eso en el ADN, por lo tanto paso.

A Fito Páez lo representa en el Reino Unido la agencia ATC Live, uno de los pesos pesados de la música en el otro lado del Atlántico. A tal punto que se encarga del manejo personalizado de la carrera de Nick Cave, y contiene a grupos y solistas de la talla de PJ Harvey, Johnny Marr, Santigold, Metronomy o The Magnetic Fields. De sus diez nominados para el Grammy 2021, el único que logró llevarse un trofeo fue el rosarino. “Acabo de cortar hace 20 minutos con el presidente de Sony Music Inglaterra, que es un tipo hermoso y re colega”, comparte. “Nos llevamos muy bien. Está feliz con todo esto, porque a la vez es súper fan y hace años que nos quiere llevar a Europa. Y estábamos a punto de hacerlo cuando apareció la pandemia. Él planteaba esto hace cuatro o cinco años. Era inminente llegar ahí, tocar y hacerlo”.

-Ya estuviste en Inglaterra, pero actuando por sobre todo para la colectividad latina. ¿Pensás que este premio te ayudará a entrar en el mercado anglosajón?

-Se va a dar en Inglaterra como una especie de gira que abarcará a otros países de Europa. Por supuesto, no será a gran escala, aunque sí se prevé que sea en lugares de entre 5 y 8 mil personas. Estaba muy bueno el proyecto que me propusieron y seguramente vamos a retomarlo en algún otro momento.

-A fines de abril grabo en el Teatro Coliseo una obra llamada Los siete locos, basada en el libro de Roberto Arlt, para la Orquesta Sinfónica, con 62 músicos, más algunos invitados específicos. A la vez, eso se convertirá en un disco, que tendrá una sola canción cantada y lo demás será instrumental. En el transcurso del año, si la covid nos lo permite, tengo una puesta pensada junto a Daniel Santoro en escenografía y guión, Max Rompo en mapping y puesta en escena, Romina Ricci dirigiendo a actores -tanto en vivo como en las películas que vamos a hacer para poder contar la historia- y Diana Szeinblum en coreografía. Eso es lo inmediato, lo que viene ahora mismo y estamos terminando de afilar. Y entre junio y julio grabamos en Los Angeles un álbum con diez canciones nuevas, con un equipo muy parecido al de La conquista del espacio.

-¿Será el volumen dos?

-Si bien se parecen las canciones, este nuevo disco tiene algo simpático que no sé bien cómo explicar. Todavía está en proceso, pero ya tenemos la fecha del estudio y todo lo demás para ir a grabarlo. Y estamos felices con Diego Olivero, que es mi cumpa, de que llegamos también a esta instancia del año con todo este repertorio que nos encanta.

-En la previa televisiva del Grammy, te pidieron que eligieras canciones tuyas para ponerle banda de sonido a tres momentos de tu vida. Si se te pidiera lo mismo con La conquista del espacio, ¿qué lugar ocuparía?

-Si bien el tiempo se encargará de tener la tarea de darle un lugar en mi discografía, lo escucho como un disco fresco. Uso esta palabra porque, cuando lo hice, estaba en un momento de mi vida un poco atormentado con situaciones familiares. Y el álbum, de alguna forma, trata de alguien que está intentando salir de un quilombo. Creo que hay canciones específicas que hablan de eso, como “Maelström”. A la vez, tiene algo de un tipo que, casi a los 60 años, está mirando al mundo. Dice: “Guarda, esto no es el mundo que conocí”. Hay algo acechante o alarmante, por un lado, y después se va de joda. Se va a bailar con Mala Fama, la llama a la Coneja Chinac mientras está viendo lo que sucede en Isidro Casanova y el mundo se cae a pedazos.

-Una banda de sonido parala pandemia podría ser “La canción de las bestias”.

-“La canción de las bestias” es indeseablemente profética, te diría. Es un tema que no le echa la culpa a nadie y que pone a uno mismo como objetivo de crítica. Creo que ésa es una de las virtudes que tiene esa canción. Lo amo profundamente a La conquista del espacio porque toda la experiencia fue hermosa. Desde que arrancamos en Trancoso hasta que terminamos la mezcla en Los Angeles, fue todo goce. En el medio, pasamos por Bogotá y República Dominicana. Grabamos, hicimos cositas, decidí hacer arreglos en el medio del proyecto. Así que ya veremos dónde le tiempo lo pondrá. Pero creo que lo hará en un lugar de altísimo privilegio, junto con El amor después del amor, sin ninguna duda.

-¿Cuándo podrás abrazar a tu Grammy?

-Ahora no sé. Con los Latin Grammy tardaron un poquito… Bastantes meses. Y supongo que con la covid se debe demorar todo.

Grammy

Argentinos con gramófonos dorados

En 1962, tres años después de la primera edición de los Grammy, Lalo Schifrin se convirtió en el primer argentino en ser nominado, en la categoría “Mejor composición original de jazz”, por su rol de compositor en Gillespiana, de Dizzy Gillespie. Dos años más tarde, el pianista fue el primero en ganarlo, en ese mismo rubro, gracias al tema “The Cat”, que escribió para el álbum homónimo del jazzista Jimmy Smith. Gato Barbieri recibió el gramófono en 1974 por la banda de sonido de El último tango en París. Si bien fue nominado por primera vez en 1970, Daniel Barenboim levantó el trofeo en “Mejor performance de música clásica, solista o con orquesta”. Marta Argerich se tornó en la primera mujer argentina nominada. Eso sucedió en 1979, en “Mejor interpretación de música de cámara”. Recién lo ganó en 2000 por “Mejor interpretación de solista(s) instrumental (con orquesta)”. Jorge Calandrelli también estuvo nominado, al igual que Astor Piazzolla. El primero se lo llevó, en tanto que el hoy centenario tanguero no lo logró. En 1998, Los Fabulosos Cadillacs fueron los primeros rockeros argentinos en ser nominados a un Grammy y se lo llevaron. Gustavo Santaolalla se quedó con el rubro “Mejor álbum de pop latino”, por cortesía de La vida… es un ratico (disco de Juanes que fue producido por él), al tiempo que Osvaldo Golijov venció, con Sing Me Home, en “Mejor álbum de World Music”. Dos años luego lo hizo Pablo Ziegler con Jazz tango en la categoría “Mejor álbum de jazz latino”. En la ceremonia en la que ganó Fito Paéz otros dos compatriotas se llevaron gramófonos: Nahuel Bronzini (que ya tenía uno), por su labor con Fantastic Negrito, y Tomás Crow, quien trabajó con Toots and The Maytals.

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