El Snyder Cut y la lógica del palimpsesto

Según el diccionario de la RAE, el palimpsesto es un «manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente».

Se me antoja una metáfora válida para calibrar el estreno de La Liga de la Justicia de Zack Snyder (rebautizado como el Snyder Cut por los fans), que tanto ruido ha hecho estos días. De fondo pulula una intrigante cuestión sobre originalidad, autoría y serialidad. Dejemos de lado, por ahora, la derivada comercial: que varios de los «montajes del director» o «montajes definitivos» pueden nacer por un deseo legítimo de hacer más caja. Es muy difícil vender lo mismo dos veces, por lo que la novedad que suponen esos minutos extra o ese final modificado justificaría el nuevo desembolso del fan partiendo de un coste mínimo.

Más allá de esas jugadas de márketing, hay preguntas de difícil respuesta. ¿Por qué en el ámbito audiovisual —sin duda un arte colectivo— ha de privilegiarse al director?, ¿es necesariamente siempre su visión la mejor? Hay bastantes ejemplos en los que un productor o unas limitaciones institucionales —de exhibición, de distribución— han mejorado una película; qué narices, en ocasiones incluso han hecho posible su estreno (¿qué cines se habrían atrevido a emitir cuatro horas de Kill Bill o Nymphomaniac?, ¿cuántos espectadores se habrían animado al atracón?). Desde El mago de Oz hasta Get Out se pueden encontrar cintas donde los productores convencieron al director de lo mejor para la película (a veces, lo mejor era echar al director).

En medio de todo este laberinto existen numerosas «versiones definitivas» que genuinamente aspiran erigirse en propuestas estéticas diferenciadas. Y aquí es donde emerge lo más sabroso para un medio sobre televisión y serialidad. Porque hay películas que se han convertido en series de sí mismas. Variaciones sobre un mismo tema, como si fuera la Marilyn Monroe de Warhol. Recordemos el caso más zigzagueante y celebre: las cinco versiones (bueno, en realidad 7) de Blade Runner. Semejante hemorragia de iteraciones en torno a Deckard complica mucho una pregunta, aparentemente, básica: ¿Cuál es el original y cuál la variación?, ¿tiene sentido hablar de un original cuando la obra ha sufrido tantas versiones?

Estos vaivenes entre versiones, además, provocan que la noción de canon se convierta en un carajal, como detalla la amiga Mar Guerrero:

En grandes fandoms basados en mundos narrativos que no paran de crecer siempre hay luchas de facciones partidarias de una u otra versión porque entran en juego cuestiones morales sobre la integridad de la obra y fenómenos de apropiación. Por eso, es más común que el jefe (el estudio, habitualmente) aparezca dictando sentencia, aunque luego algunos los fans decidan no hacerle caso…

Esto ocurre incluso en obras que todo quisqui conoce al dedillo. En realidad, solo quienes tengan más de 40 tacos pueden afirmar que han visto la trilogía original de Star Wars. Y hace mucho tiempo. Quien quiera verlas hoy se enfrenta a un porrón de modificaciones. Porque desde finales de los noventa es bastante difícil constatar, por ejemplo, que, en el original, Han Solo disparó primero en la cantina de Mos Eisley. No es un cambio gigante, de acuerdo, pero sí que altera sustancialmente la presentación de uno de los protagonistas.

Esta originalidad líquida nos trae de vuelta al palimpsesto. Conservar las huellas de la obra anterior. Se ha visto claramente en la recepción crítica del Snyder Cut: toda crítica había de franquear la frontera del original, para argumentar cómo lo mejoraba o empeoraba. Es decir, todo análisis escaneaba las huellas del filme de 2017; imposible ahuyentar su espectro. Como ocurre en todos estos peliculones que han vuelto sobre sí mismos.

Hace unos meses hablaba en esta columna de la imposibilidad de un «The End», dado el auge de la serialidad retroactiva. Quizá haya que dar un paso más: las nuevas tecnologías y el sistema económico de producción y distribución facilitan que la propia obra terminada sea, por definición, siempre un espejismo. Puesto que constantemente podrá entenderse como un work-in-progress de sí misma.

‘La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ está disponible en HBO.

Compartir