La paradoja del seriéfilo: podemos ver muchas series pero no las que queremos ver

Ser aficionado a las series no es fácil. Tienes muchas ficciones para ver, pero siempre te apetece ver lo mismo. O no sabes qué ponerte y pierdes demasiado tiempo buceando por el catálogo de una plataforma.

Estás suscrito a media docena de plataformas, pero lo que quieres ver está en la que no tienes. O no está en ninguna. Porque, al contrario de lo que pudimos pensar cuando vimos que las compañías de streaming desembarcaron en nuestro país y teníamos problemas para escoger a cuál dedicamos nuestro presupuesto de ocio, el exceso de oferta no nos ha traído todas las series que se estrenan y, como buenos aficionados, nos gustaría ver.

En 2020 la industria televisiva se vio gravemente afectada por la pandemia mundial, pero muchas novedades de la temporada 2019-2020 llegaron a nuestro país y las que no lo hicieron probablemente fue porque ni siquiera pudieron estrenarse en Estados Unidos. Sin embargo, esta temporada, cuando las cadenas norteamericanas han retomado cierto ritmo de estrenos, estamos experimentando una situación paradójica: disfrutamos de los estrenos de las plataformas a la vez que el resto del mundo, pero los nuevos lanzamientos de las compañías que todavía no se han establecido en España siguen estando tan lejos de nuestras posibilidades como hace cinco años.

Clarice, Mr. Mayor, Call Me Kat o The Equalizer son algunas de las producciones que se han estrenado en los últimos meses en Estados Unidos. Son series que nos tenemos que conformar con oír hablar de ellas y sentarnos a esperar a que alguien se apiade de nosotros y las traiga, algo que, con estos títulos, si no se ha producido ya no parece que vaya a pasar en un futuro cercano porque no hay planes de nuevos desembarcos de plataformas a la vista. Así que tendremos que esperar a que tengan ganas de venir a establecerse a un mercado saturado. O a que, como en los viejos (viejísimos) tiempos, la temporada o la serie termine y se venda a alguna de las plataformas o cadenas presentes en nuestro país.

(Fuente: CBS)

Cada cadena es un mundo y mientras que la filial española de FOX se integró en Disney+, el mismo lugar al que llegan muchos de los estrenos de ABC, nada se sabe de la posibilidad de que NBC y Peacock (su plataforma) se establezcan en nuestro país. Mientras tanto, ViacomCBS (dueña de Paramount+) ha lanzado en España Pluto TV, pero los representantes de la compañía confirmaron hace meses que continuarán licenciando contenido a terceros dentro del mercado internacional. Terceros que, a la vista de la tendencia generalizada de “haga su propia plataforma y rentabilice sus productos sin depender de los demás”, ahora tienen su vista y sus dineros puestos en la producción propia, y no en compras extranjeras que algún día pueden terminarse definitivamente.

Y así, mientras esperamos a poder echarle el ojo a lo nuevo de Ted Danson, comprobar si la nueva serie de universo de Hannibal Lecter (sin Hannibal Lecter) acojona tanto como cabría esperar o se nos ponen los dientes largos con la nueva comedia de Tina Fey, tenemos que sentirnos afortunados por tener a nuestro alcance más de media docena de plataformas, con un contenido que no podríamos ver ni en tres vidas. ¿Y para qué quiero yo poder ver las sitcoms de Netflix si las buenas están en NBC?, ¿para qué quiero yo otro nordic noir llegado del frío si lo que me apetece es una vuelta de tuerca a un personaje clásico?, ¿para qué quiero yo la última producción policial que lo está pegando fuerte en Francia si lo que me pide el cuerpo es un procedimental, de los de toda la vida, ambientado en Chicago o Nueva York?

Lo sé, los aficionados a las series somos seres caprichosos que nunca tenemos suficiente e igual que no sabemos irnos a la cama a una hora prudente -porque siempre hay tiempo para “un capítulo más”-, creemos que también hay espacio en nuestra agenda para una plataforma más. Puede que no lo haya. Pero queremos comprobarlo. Y, sobre todo, queremos que la falacia esa de que con la llegada de las plataformas se iba a acabar la piratería se convierta en realidad, y que con cada estreno al otro lado del charco no nos planteemos rendirnos ante la evidencia y recuperar los viejos tiempos de torrents, subtítulos y memorias externas propias de un estudio de arquitectura.

Sé que los directivos de las compañías tienen sus propias preocupaciones y un puñado de espectadores ansiosos españoles no están entre ellas. Pero es injusto que hace unos años pareciese que los tiempos oscuros del aficionado a las series fueran a terminar y ahora nos encontremos con burocracias y ambiciones empresariales mientras la vida y los estrenos siguen y nosotros nos quedamos, de nuevo, atrás. Y, lo que es peor, sin saber cuánto tiempo estaremos así.

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