Qué es el Cli-Fi: cuando los adversarios son el clima y las consecuencias de no cuidar el planeta

El de la ciencia ficción es uno de esos cajones de grandes dimensiones en el que al abrirlo se hallan multitud de compartimentos comunicados entre sí.

Así, puede haber invasiones alienígenas, viajes al espacio, al centro de la Tierra o en el tiempo. Todo cabe. También el drama social, político, la comedia, el romance… Y dentro de ese género que lo abarca casi todo con un envoltorio estético de cosas imposibles o poco probables aún no inventadas es donde se enmarca un subgénero llamado Cli-Fi, del que cada vez hay más ejemplos en forma de serie.

El nombre, que viene de coger las primeras sílabas de Climate Fiction (ficción climática), habla por sí solo como su hermano mayor, Sci-Fi. Según recogía The Guardian en un reportaje publicado hace un tiempo, el término lo acuñó Dan Bloom, un periodista estadounidense afincado en Japón. Fue en 2007 y, desde entonces, ha ido ganando adeptos. El título considerado precursor del género es anterior al bautismo del mismo y la mayoría coincide en señalar JG Ballard por su novela El Mundo Sumergido, publicada en 1962.

Aunque el uso del término no esté popularizado más allá del ámbito académico y quizá del periodístico especializado, lo cierto es que una vez que se tropieza con él no resulta difícil darse cuenta de que cada vez más series se ajustan al concepto. A saber, todas aquellas que, dentro de la ciencia ficción, dan relevancia al cambio climático y el calentamiento global como parte de su trama. The Commons, serie que estará disponible completa en AXN Now a partir del 1 de mayo, es un ejemplo claro.

Protagonizada por Joanne Froggatt, esta serie australiana cuenta la historia de una neuropsicóloga empeñada en ser madre que ve cómo las circunstancias, su edad (38 años) y su situación social juegan en su contra. Da pie a una historia de empeño personal y frustración en la que comparte protagonismo con David Lyons (Revolution) y que está ambientada en un mundo futuro donde el cambio climático ha dado un paso más allá y es tan real como que deben protegerse de la lluvia ácida. Y no solo eso. Los murciélagos caen muertos por culpa del calentamiento global, el agua potable escasea y los apagones eléctricos están programados. Solo quienes pueden pagarse un piso en un complejo exclusivo disfrutan de un generador propio.

(Fuente: AXN)

Plantea así un mensaje de aviso sobre lo que puede deparar a la humanidad el futuro de no cuidar el planeta que se repite en todas aquellas series, en su mayoría apocalípticas, que podrían entrar en la categoría de Cli-Fi. La línea a veces es tan delgada que no siempre resulta fácil catalogarlas como tal. Por eso, como con todo, mejor no hablar en términos absolutos. Aún así, existen títulos como Tribus de Europa, Occupied, Snowpiercer, Terra Nova, Los 100, The Rain y 12 monos que son ejemplos más o menos obvios de este subgénero.

Puntos de conexión del Cli-Fi

Las seis primeras series nombradas tienen muchos puntos de conexión entre sus historias. En primer lugar, se ambientan en un futuro donde el planeta (o una parte considerable de él) ha colapsado por culpa del ser humano. Distopías condenadas al apagón y a reinventarse como sociedad. En Tribus de Europa se enfrentan a un apagón tecnológico por la falta de recursos fósiles. En Occupied, a una crisis energética porque escasea el petróleo y, además, un huracán arrasa Noruega desencadenando un apagón energético. En Snowpiercer el cambio climático ha devuelto a la Tierra a la glaciación.

¿Más? En Terra Nova era la contaminación la que hacía imposible la existencia y, por eso, una expedición regresaba a la época de los dinosaurios, donde se respiraba mucho mejor. En Los 100 la culpa la tenía un apocalipsis nuclear que convertía el planeta en inhabitable, obligando al ser humano a migrar a una estación en el espacio y generando en tierra firme mutaciones. Y en The Rain un virus se aliaba con la lluvia para extenderse aniquilando a la población.

Y en 12 monos, como en The Rain, la culpa la tiene un virus. Este se cargaba a más del 90% de la población. Después de eso, el mundo se veía atrapado en el plan apocalíptico de una suerte de logia. También había mucho de cielos rojos y destrucción del medio ambiente. Quien la haya visto lo entenderá. Aún así, y pese a la mención, 12 monos va de viajes en el tiempo.

(Fuente: AXN)

Todas conviven en ese entorno, en ese planeta agotado y hostil para el ser humano que ha acabado así precisamente por la mano del hombre. No lo cuidaron cuando era verde y próspero y este se ha convertido en un enemigo sin piedad por la falta de recursos, fenómenos meteorológicos de proporciones catastróficas y sociedades que, en su mayoría (aunque en The Commons la tecnología sigue muy presente y en Los 100, en alguna temporada, también), vuelven al pasado, donde la electricidad era ciencia ficción.

La unión y desunión del ser humano

Estas series comparten la ambientación distópica, el medio ambiente maltratado como enemigo y el toque de atención sobre el cambio climático y el calentamiento global. Pero hay algo más que tienen en común y que es casi exigencia de guion para todo apocalipsis sin importar si este se da por el clima, aliens, zombis, un virus o cualquier otra variación. Se trata de un grupo de personas (familia o no) diverso condenado a entenderse para sobrevivir. Uno o varios. Porque si para algo sirve un buen fin del mundo es para sacar lo mejor y lo peor del ser humano. De eso van en realidad la mayoría de series apocalípticas. De saber hasta dónde están dispuestos sus personajes a llegar para seguir respirando un día más.

El apocalipsis se ha planteado (casi) siempre en la ficción seriéfila como un tablero en el que quienes luchan por mantener su humanidad y salvar la especie se aferran a la ética y la moral frente a otros que, convertidos en saqueadores, ladrones y asesinos egoístas, solo piensan en sí mismos. Ahí surge el enfrentamiento de posturas y el debate.

Compartir