La Radio del Coach de la Birra #YConCervezaEsMejor

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La Mojigateria

Pop – Rock/Punk

«Damas y caballeros, es un placer presentarles esta noche a una banda muy singular llamada

‘La mojigatería’.

Este innovador grupo se ha propuesto un ambicioso proyecto de un año para revivir y rendir homenaje a diversos estilos musicales olvidados o fuera de moda.
Comenzaron en diciembre de 2023 con un electrizante disco de rockabilly que los transportó a los explosivos días del rock de los años 50. En enero nos sorprendieron con un sentido disco de blues cargado de alma y feel. Y este es sólo el comienzo. En los próximos meses, ‘La mojigatería’ lanzará discos tributo al funk, soul, punk, grunge, salsa y más, cubriendo una amplia gama de ritmos en desuso pero aún latentes.
Con una actitud desafiante hacia las modas pasajeras, este grupo busca reivindicar la riqueza musical de otros tiempos y estilos. Sus interpretaciones rebosan de energía, pasión y un virtuosismo admirable.
Y ya sea en su electrizante disco de rockabilly o su sentido álbum de blues, ‘La mojigatería’ rinde tributo a
los grandes narradores de la novela negra con sus intrigantes letras. Sus voces adquieren un tono
cinematográfico mientras cantan sobre crímenes, misterios y personajes turbios.
Así que prepárense para sumergirse de lleno en el inframundo de sus canciones, y a disfrutar después la
lectura de los fascinantes capítulos que las acompañan.
Esta banda les está ofreciendo toda una experiencia inmersiva de música y literatura.
Sin duda, ‘La mojigatería’ está llamada a convertirse en un referente para todos aquellos amantes del rock’n’roll que anhelan expandir sus horizontes. ¡Recomendamos ampliamente seguir su fascinante travesía musical este año! Acompáñenos a descubrir los tesoros escondidos de nuestro amplio legado musical de la mano de esta talentosa banda. “


Relatos por cada canción del disco “Hotel Miami”

Capítulo 1. Hotel Miami

El hombre del traje gris aseaba con elegancia descuidada por las ramblas, provisto de aquel maletín negro que abrazaba contra su costado. Sus pasos eran lentos pero precisos, y sus ojos grises escudriñaban el paisaje como buscando algo. O a alguien.
Yo lo observaba desde mi automóvil estacionado frente al Motel Miami, agazapado en el asiento del conductor. Mi sombrero fedora gris y mi gabardina del mismo color me conferían cierto anonimato en aquella soleada mañana miamense. Pero no lo suficiente como para pasar desapercibido ante la mirada inquisitiva de aquel hombre misterioso.
Como agente del FBI llevaba meses tras la pista de una peligrosa banda de narcotraficantes que operaba en la zona. Todo indicaba que aquel maletín contenía la mercancía, y que pronto se produciría un intercambio.
Mi misión era atraparlos con las manos en la masa y poner fin a su operación criminal. Pero debía tener
cuidado, pues eran individuos de gatillo fácil.
El hombre se detuvo frente a la entrada del motel y miró su reloj de pulsera, impaciente. Minutos después, un Cadillac blanco apareció y se detuvo a su lado. Dos individuos bajaron rápidamente y le arrebataron el maletín de las manos, lanzando a cambio un fajo de billetes que el hombre atrapó en el aire antes de escabullirse calle abajo.
Rápidamente anoté la matrícula del vehículo y la transmití por radio a mis compañeros, que aguardaban en las afueras listos para tenderles una emboscada. Encendí el motor y me lancé en persecución del Cadillac blanco, que avanzaba a toda velocidad hacia la autopista interestatal.
El estruendo de las sirenas llenó el aire cuando la policía nos dio alcance e intentó detenerlos. Pero en
lugar de eso, los ocupantes del Cadillac sacaron las armas por las ventanillas y abrieron fuego. Las balas
rebotaron contra el parabrisas de mi automóvil cuando me situé tras ellos para no perderlos de vista.
Tras un trepidante tiroteo, finalmente lograron acorralarlos y someterlos. Aquella noche pusimos fin a
una importante red de narcotráfico que llevaba años

operando en Miami. El hombre del traje gris era su contacto y había hecho la entrega decisiva que nos
permitió atraparlos. A la mañana siguiente, mientras tomaba un café en la comisaría, su abogado apareció para intentar negociar una rebaja de condena. Pero las pruebas eran irrefutables. Habíamos atrapado a peces gordos y purgarían una larga temporada a la sombra. Miami estaba un poco más limpia gracias a mi trabajo aquella noche. Al menos hasta la próxima amenaza que acechara en la oscuridad de sus calles. Porque en esta ciudad, la guardia nunca se baja.


Capítulo 2 de Hotel Miami –

Echarse una medalla. La tormenta se cernía amenazadoramente mientras me
acercaba al Seat 600 aparcado bajo un farol solitario. El motor ronroneaba en calma. Al asomarme por la
ventanilla entreabierta, lo vi. Aquella lagartija yacía inmóvil en el asiento del conductor, un tiro certero en la sien. Ningún signo de violencia, una ejecución limpia. Maldije para mis adentros. Esto sólo traería problemas.
Observé impotente cómo el asesino se escabullía en otro coche estacionado cerca. No pude hacer nada, tenía las manos atadas, debía comunicar el suceso y, aquel tipo .
Me tocó hablar con su joven viuda, está lloraba desconsolada en la comisaría mientras el culpable
escapaba ante mis narices. Estuve tan cerca de atraparlo… Pero me apartaron del caso.
Ahora vacío mi taquilla, a la espera del traslado a Melilla. Aquella noche tuve un mal presentimiento, pero
la vida tiene formas de engañarte. Aquella lagartija yace muerta y su asesino anda suelto, mientras yo me
marchito en este olvidado rincón del mundo.

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