Lo que al principio parecía una catástrofe terminó siendo una vía inesperada y efectiva hacia el marketing.

Estar a la altura de un gran disco no es tarea fácil para ningún artista. Cuando un músico o una banda estrenan un trabajo consagratorio y exitoso, la presión por lo que sigue suele ser enorme, al igual que la expectativa del público y de las discográficas. Algo así le sucedió a Depeche Mode luego de Violator (1990), el disco que impactó al mundo y que contiene algunos de sus mayores éxitos, como “Personal Jesus” y “Enjoy the Silence”.
La banda se encontraba en la cima, pero Dave Gahan, su cantante, atravesaba una profunda adicción a las drogas. Aun así, lograron componer y grabar Songs of Faith and Devotion, el álbum que vio la luz en 1993 y se convirtió en otro de sus grandes éxitos. Este fue el octavo disco de la banda y llegó en un momento en el que la industria musical empezaba a cambiar.
Si bien Depeche Mode y Warner tenían todo listo para el lanzamiento y la extensa gira de presentación, el álbum fue filtrado en internet por un fan, convirtiéndose en uno de los primeros casos de este tipo. Aunque hoy la piratería puede parecer algo habitual (y menos relevante por la proliferación de los servicios de streaming), en aquel momento se percibía como una situación difícil de controlar.

Una filtración que terminó ayudando
Fue un fan quien subió el disco al servicio de internet Prodigy mediante archivos MPEG Layer-2. Si bien descargarlo era complejo y llevaba demasiado tiempo como para que la filtración fuera masiva, sí generó un gran revuelo en foros. Así, Jeff Gold, vicepresidente de Warner, transformó la alarma en una oportunidad: lo que al principio parecía una catástrofe terminó siendo una vía inesperada y efectiva hacia el marketing.
De hecho, la filtración generó una enorme expectativa en torno al álbum. Solo un grupo reducido pudo escucharlo antes de tiempo y, cuando salió la versión oficial, el disco alcanzó los 5 millones de copias vendidas en todo el mundo. Además, fue el primer álbum de estudio de la banda en llegar al número uno tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.
En 1993, la filtración a través de internet aún no era un problema extendido. Con el paso del tiempo, se volvería cada vez más común y un desafío económico para la industria. Pero, en los albores de internet, lo sucedido no fue más que un impulso para la campaña de un disco que terminó siendo un verdadero éxito.