La Radio del Coach de la Birra #YConCervezaEsMejor

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Las 10 mejores canciones de David Bowie, Ziggy Stardust, The White Thin Duke

A 10 años de la muerte de David Bowie. Considerado uno de los artistas más importantes de la historia, el británico supo definir la estética sonora y visual de mucho de lo que se vendría, llevando la corona de la vanguardia en cada uno de sus alter-egos que proponía.

 

«Space Oddity» – David Bowie (1969)

En 1969 el Major Tom partía en su primer viaje a través del espacio, dejando la tierra y despidiéndose de sus seres queridos para adentrarse en un viaje por el universo. Se supo que en algún momento perdió el contacto con la tierra y se quedó flotando en su pequeña lata de ojalata. Al menos eso dice la historia relatada en “Space Oddity”. Después no se supo mucho mas de él hasta ayer. Se dice que volvió a la tierra y anduvo haciendo algunas cosas que afectaron en gran medida a muchas personas.

Se sabe que su legado es conocido por grandes y por jóvenes. Que no sólo precisaron ser contemporáneos a él para conocerlo, sino que su impacto fue tan grade que publicidades, películas, libros, canciones y demás demostraciones dieron a conocer la importancia que el Major Tom tuvo en la vida del planeta Tierra; un lugar del que, se puede pensar, no era nativo. “Space Oddity” no sólo habla de viajar en el espacio. Es una oda al despoje y a la aventura, que invita a salir de la comodidad y conocer universos desconocidos. Eso es lo que los artistas deben hacer, y lo que el arte debe generar: inquietud. Y desde ya, Bowie fue uno de los pioneros en revolver las cabezas de la gente, ya sea con sus letras, sus videos e incluso sus looks en el escenario.

 

 

«Life on Mars?» – Hunky Dory (1971)

Más de tres décadas antes de que misiones como la del Curiosity fueran enviadas al planeta rojo por parte de la NASA, Bowie ya mencionaba la posibilidad de vida en aquel astro vecino en esta canción de su álbum Hunky Dory (1971, RCA Records), con el cual desarrollaría el primero de sus alter egos, andrógino y sofisticado, y a su vez, quizá sin siquiera imaginarlo, fundaría las bases del glam rock.

Lo que pocos saben respecto de este hermoso tema es que además de estar dedicado a su amada, la actriz Hermione Farthingale, quien es mencionada en su letra como «The girl with the mousy hair»; «Life On Mars?» también fue escrita como una parodia a «My Way» de Paul Anka -que fue popularizada en la voz de Frank Sinatra-, y cuya melodía está específicamente inspirada en una canción francesa («Comme d’habitude») que Bowie había versionado años atrás, aunque ese cover finalmente nunca fue publicado.

 

 

«Starman» – The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)

“Un hombre de las estrellas espera en el cielo” repite con esperanza y sosiego el verso de “Starman”, la cuarta canción del disco que nos introdujo al magnífico Ziggy Stardust. Esta delicada manera de apelar a aquel inusual y enaltecido alter ego, hoy, tristemente, puede prestarse a la autorreferencialidad. Muchos sienten que Bowie siempre fue un hombre del espacio, alguien que llegó desde lejos para cambiar la homogeneidad de este mundo (mucha de la imaginería que ha construido a lo largo del tiempo ha ayudado a sedimentar esa visión).

No existen palabras para admirar lo intensa, pura y revolucionaria que resultó su incesante búsqueda expresiva para la historia de la música tal como hoy la conocemos, tampoco para agradecerla. Es difícil creer que sólo una vida alcanza para lograr tanto cambio, tanto bien, para impartir tantas enseñanzas y ejercer tanta influencia. Es aún más difícil tener que aceptar su finitud y lidiar con su pérdida. Adjudicar la grandeza y singularidad de una persona como David Bowie a cualidades ajenas a nuestro planeta parece un tanto simplista e injusto. La humildad, hidalguía, sensibilidad y fortaleza (entre tantos otros insuficientes adjetivos) del Duque Blanco glorificaron, ante todo, su cualidad humana.

 

 

«Heroes» – Heroes (1977)

De la segunda entrega de la trilogía de Berlín, Heroes, se desprende una canción del mismo nombre. Una canción que nace de la unión de David Bowie y de Brian Eno, y que sumó la producción de Tony Visconti. El sonido psicodélico de la misma parte del krautrock que tanto llamó la atención al Duque Blanco desde que pisó la ciudad que lo acogió, logrando fusionar el Art-Rock y el glam propio de él. Es en aquel estruendo unido de la instrumentación y del feedback sostenido que sería parte del sello particular de la misma.

«Heroes» es un himno generacional, sobre un amor en el muro de Berlín, un amor sin barreras y que justamente rompió la barrera de los tiempos. Muchos decidieron ser un héroe por un día, soñando y saltando cada vez que sonaba esta increíble pieza. Muchas bandas la tomaron como propia, también queriendo ser héroes por un día. Así, bandas como Blondie, Oasis, The Wallflowers, The Smashing Pumpkins, Bon Jovi, King Crimson (grupo del cual hace parte Robert Fripp, quien fue el encargado de la guitarra en el tema original), entre tantos otros que siguen cayendo rendido ante esta joya musical que incluso ha sido versionada en idiomas como el alemán, francés y español. 

 

 

«Scary Monsters (and Super Creeps)» – Scary Monsters (and Super Creeps) (1980)

Fiel a su título de inventor de la reinvención, Bowie aprovechó el cambio de década para dar cierre a su experimental trilogía de Berlín y emigró hacia la escena new wave de Nueva York. El disco que nació de esto es Scary Monsters (and Super Creeps) (1980, RCA Records), en donde confluyeron su usual vanguardismo con una fresca e impenitente sensibilidad pop en un balance inmaculado.

Esto está perfectamente ilustrado en la canción homónima, donde los solos arácnidos e intrincados de Robert Fripp son seguidos de gritos coreables a medida que el tema incrementa su intensidad por sobre una base de percusión metálica. La voz afectada del duque blanco acá es maravillosa, y adoro la guitarra de Fripp: es grotesca, amenazante y la amo. El momento más épico de mi disco favorito de Bowie.

 

 

«Let’s Dance» – Let’s Dance (1983)

 

 

«Absolute Beginners» – Absolute Beginners: The Original Motion Picture Soundtrack (1986)

Grabada en Abbey Road en 1986, cuando apareció en la banda sonora de la película del mismo nombre y donde también aparece El Duque Blanco actuando. La intro estridente, rockera de por sí, se va calmando cuando llega la voz de Bowie, a la que se le suma un coro femenino que emociona; se denota algo melancólico al oír el sonido de saxo sumado a los tintineos del piano y de los teclados. «Absolute Beginners» no es una canción para que tus pies bailen, es una canción para que tu corazón lata con más fuerza.

A pesar de la letra sencilla, quizás algo cursi («If our love song/ Could fly over mountains / Could laugh at the ocean / Just like the films»), logra volverse un himno eterno para los principiantes absolutos del amor. Y es que cuando uno se enamora siempre vuelve a cero cuando nace ese sentimiento. Artistas tan variados han caído bajo el influjo de esta canción y han hecho su propia versión, tal es el caso de Saint Etienne y Carla Bruni, entre otros. 

 

 

«The Heart’s Filthy Lesson» – Outside (1995)

Es imposible imaginar la musica, esa, con la que todos nos babeamos, sin la existencia de David Bowie. Por decir, como quien se disfraza de Ziggy Stardust, Berlín, de sus andanzas junto a Lou Reed e Iggy Pop, pasando por «Ashes to Ashes» (icónico videoclip que definió el concepto MTV en su nacimiento) Bowie es para algunos cuantos, como ese Tío, ese familiar que no conocimos pero que respetamos, por la palabra trasmitida de otros o por vivencias cercanas que nos recuerdan a él de vez en cuando. 1995, la musica caía sangrante luego del vacío dejado por la bala que atravesó la cabeza de Cobain y termino con el grunge, los aires de desprecio por el mundo y las camperas de tartan y caia en las garras de las multinacionales en busca de una nueva estampita para comerciar.

«The Heart’s Filthy Lesson» comenzó a rotar por los medios y rápidamente todos entendieron que el Camaleón habia vuelto. Clase magistral de rock industrial, dentro de una de sus especiales obras conceptuales, Outside (Virgin Records), su 19vo disco, marcó el camino para la banda sonora del fin de milenio (Trent Reznor, hijo pródigo de Duque blanco, agradecido y gozado, la edición single incluye su version remix del tema para los que quieran escucharla), es una perfecta fusión estética y sonora, el lamento de Ramona A. Stone, el crujido de los synths del gran Brian Eno (como dijo Bono alguna vez, “muchos músicos van a escuelas de arte, nosotros fuimos a Brian Eno”), el recorrido es oscuro, experimental, entre cuerpos que cuelgan, degradante y ritual.

 

 

«Blackstar» – Blackstar (2016)

«Blackstar» muestra una de las características esenciales de Bowie: la capacidad de sorprender. Pero la sorpresa que elabora Bowie no se basa en el shock, en el sobresalto. Es una sorpresa de esas que revelan una verdad oculta, una realidad que se vuelve posible, pero antes era insospechada. Una nueva realidad que cuando llegamos a verla la reconocemos inmediatamente como una pieza esencial que nos estaba faltando. «Blackstar» no solo sorprendió por aparecer, sin aviso previo y anunciando un nuevo disco. Sorprende por su sonido, su ambiente, su estructura.

El aire ominoso, la voz fantasmal, la percusión hipnótica, nos sumergen durante cinco minutos en un viaje onírico que, precisamente como un sueño, se deshace en otra cosa muy diferente. Pero no en algo completamente ajeno o en un azar caprichoso. «Blackstar» se transforma inesperadamente en una melodía de esas que solo puede lograr Bowie y que resignifica lo que estábamos escuchando. En sus diez minutos pasa por encima de lo experimental y lo tradicional, sin anclarse a ninguna categoría, trascendiéndolas. 

 

 

«Lazarus» – Blackstar (2016)

Quizás no quisimos verlo, pero David Bowie nos avisó que estaba por irse con el videoclip de «Lazarus», el último que publicó en su carrera, apenas tres días antes de su muerte. Hospitalizado, vendado y con los delirios propios de la agonía, Bowie se actuó a sí mismo en su lecho de muerte. La parca está debajo de la cama, acechando. Pero no hay miedo, hay sonrisa y hasta hay baile. También hay ironía y, en los últimos versos de la canción, hay un dejo de esperanza ante el inevitable final: «You know, I’ll be free». Martín Sanzano

 

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